Camilo, el perro de Fátima, es un escándalo. Un pajarito se ha metido al departamento y el perro, siendo un labrador, está como loco. No para de ladrar y de correr. No puede para de perseguirlo. Estoy segura que se lo va a comer. Ha roto un par de floreros, ha desatendido la alfombra y no para de saltar de un lado al otro. Se escucha un sonido muy agudo y la cola de Camilo está moviéndose. Ha capturado al pobre pajarito. Lo mastica, le arranca la cabeza, se la come. Le arranca las alas y escupe una a una las plumas del ave. Fátima está aterrada y se ha encerrado en el baño para no ver el cadáver.
Renato y Carlos juegan playstation 3. Se han “tirado” sus clases para poder jugar un poco de fútbol virtual. La emoción los tiene atrapados. Un pase a la derecha, corre unos metros, centra la pelota y…. ¡GOOOOOOOOOOOOL! Entre tantos gritos y payasadas se han encerrado en su propio mundo. Nada más existe.
Julia, la nueva inquilina, ha tenido una noche llena de sexo. Le duelen las piernas y ha terminado con un chinchón en la frente por moverse tanto. Está durmiendo como un ángel. En un sueño profundo, digno después de una noche de arduo trabajo.
La señora del primer piso se ha levantado tarde y no ha preparado el almuerzo. Sus hijos llegarán pronto del colegio y no habrá comida.
Un hombre grita desde el último piso del edificio, pero nadie lo escucha. Ha recibido una pésima noticia. Tal vez la peor. Da de alaridos, pero nadie lo escucha.
Suena el timbre y la señora con las manos llenas de arroz contesta el intercomunicador. ¿Quién es? –preguntó. Necesitamos entrar, es una emergencia –le contestó un señor. ¿Qué clase de emergencia? Acá no pasa nada, todo está muy tranquilo. ¿Quién es usted? –volvió a preguntar. Señora, hay más de 50 personas afuera de su edificio viendo como el señor del último piso se quiere matar, hágame el favor de abrirme la puerta.
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