jueves, 30 de septiembre de 2010

No quisiera ser una princesa

Siempre supe desde pequeña que todo tiene un final. Sabemos que nada dura para siempre. Que por más que los cuentos de hadas terminen en “y vivieron felices para siempre”, el mismo cuento termina ahí. Porque ya no hay más de que hablar. Porque no tendría sentido contarnos como les fue. Sabemos que les fue maravilloso. Lo más probable es que todas las princesas se hayan casado en el castillo más grande del mundo mirando el mar o rodeadas de jardines inmensos. Tal vez se hayan ido de luna de miel al reino vecino o al de sus primas. Y como siempre estuvieron felices; tuvieron hijos, desayunaban todos los días en la cama, almorzaban juntos, jugaban con ellos, y la cena era el momento donde todos reían… y era así… día tras día. Sinceramente, que aburrido.

Felizmente yo no soy una princesa y dudo que alguna quisiera serlo. Sé que varias veces nos han escuchado decir “quiero que me trate como una reina, que me sorprenda”. Pero eso solamente pasa por nuestras cabezas muy pocas veces, especialmente cuando las cosas van mal. Pero si creo que cada una quisiera tener un cuento.

En mi cuento, tendrían que haber muchísimas brujas. La que me de de comer la manzana prohibida, la que me hinque el dedo hasta sangrar, la que me quiera dormir para siempre, la que no me deje salir de la punta del castillo más alto, la que no quiera mi felicidad. Pero también tienen que haber, hadas que me ayuden, sapos que me hablen y seduzcan, para besarlos y convertirlos en príncipes. Polvos mágicos para poder volar y mirar lo que realmente me rodea. Animales que canten y bailen conmigo, mientras trato de encontrar mi camino. Como quisiera que los árboles sean inmensos como los describen, que el cielo siempre este azul y que el sol brille. Pero tengo que dejar de usar polvos y pisar tierra. Saber que pronto el cuento va acabar y con ello toda la fantasía. Así que creo que solo queda una opción, (en mi opinión), quedarse siempre en el cuento sin que llegue el momento en que éste se tenga que cerrar.

jueves, 23 de septiembre de 2010

Niña tímida II

Antes de irme a dormir

Sólo te quiero decir

Que el espacio que ocupabas en mi cama

Ahora lo llena una almohada,

Hasta mañana.

miércoles, 22 de septiembre de 2010

Cuento (parte 1)

Es preciosa. No puedo dejar de mirarla. Tiene el pelo color ceniza, largo hasta la cintura. Sus ojos como la noche contrastan con su piel blanca. Lleva un piercing en la nariz y unos aretes que le cuelgan de las orejas. Está mareada, se le nota. Ella no ha mirado hacia aquí. No paro de pensar en ella. La sigo mirando. Ella se para, se acomoda las tetas, se las levanta. Mira su vestido y lo sacude. Se remueve el pelo y pone sus labios en la cañita para darle el último sorbo a su trago. Está lista, se va a acercar. Viene para acá- Pensé.

¿Qué le digo? ¿Qué hago? Está buenazo, su mirada me mata -se repetía Jimena en la cabeza. ¡A la mierda! Si no le hablo ahora jamás lo haré – fue lo último que pensó antes de tocarle suavemente el hombro, al chico que había mirado toda la noche. ¿Tienes encendedor? –balbuceo Jimena. Él la miró, se paró y sacó de su bolsillo derecho su encendedor. ¿Tienes otro cigarro? –le respondió. Jimena sacó uno y comenzaron a intercambiar algunas palabras antes de que él le invitara un trago.

Puta de mierda, no vino. Se fue con otro. Lo prefirió a él. Cojuda. Toda apretada, mostrándole las tetas con ese escote tan pronunciado. Ahorita atraca, cuidado, un par de tragos más y cae redondita.

Me llamo Javier. ¿Tú? –le preguntó con una sonrisa. Ella se acercó hasta su oreja y le respondió con los labios rozándole- Jimena. Acá esta tu trago Jime –le dijo Javier. A medida que los tragos avanzaban las distancias se acortaban. Ella no paraba de sonreírle, él, sólo le miraba el escote. Parados frente a frente con los vasos servidos, las anécdotas, sus ilusiones, intereses y aficiones se iban exponiendo. Las ganas de conocerse, o por lo menos, pretender ese interés, era lo que aseguraba un buen camino.

Sólo le mira las tetas, ni sabe de que están conversando, huevón. Está tan linda. Su risa llega hasta mis oídos y es dulce, suave. Como quisiera tenerla cerca.

Jimena se dirige a la barra por un mojito. No va caminando, ella baila. La multitud la altera. Trata de pasar de la manera más rápida posible, entre caras que no puede reconocer por la cantidad de alcohol que éstas han ingerido. Está interesada en una persona, Javier. Lo quiere para ella. Sabe que fue ella la que se aventó a dar el primer paso y que ahora sólo le queda esperar que él haga algo. Que la bese.

lunes, 13 de septiembre de 2010

Niña tímida

El amor es una enfermedad,

nace por un virus,

crece en tu interior,

y por más pastillas que tomes,

siempre regresa.

miércoles, 1 de septiembre de 2010

¿Qué tal son sus camas?

Son las ocho y cuarentaicinco de la mañana y ha sonado mi alarma. El evento es el siguiente, “gimnasio”. Cinco minutos más y, ya no tomo desayuno, salgo en carro y llego a la siguiente clase de spinning –pensé y me acomodé en mi camita toda calientita otra vez. Estoy segura que volvió a vibrar pero ni lo sentí. Me llaman a las diez de la mañana, mejor dicho, me levantan a las diez de la mañana, para contarme una de las mejores noticias del mundo. BlackEyedPeas llega a Lima el 13 de Noviembre y las entradas salen éste sábado. Trato de gritar de la emoción pero es inútil. Tengo mucho sueño. Hago un par de llamadas más y me vuelvo a dormir. Por supuesto, no fui al gimnasio.

Dos de la tarde con un poco de vergüenza pido mi comida. No puedo ni bajar las escaleras, así que me suben la comida a mi cama. Como, veo Friends y me vuelvo a meter para tratar de seguir durmiendo. No sé ni cómo salir de ella. Es espectacular. Tiene el tamaño perfecto para mí. Me tapo con una sábana, luego una frazada, un cubrecama y para acabar una frazadita morada que no se la regalaría a nadie. Mi cuarto está asqueroso y no lo he limpiado. Estoy encerrada pero feliz.

Son las cinco de la tarde y sigo en piyama y no fui al gimnasio, no fui a mi clase, y estoy comenzado a pensar en lo rico que debe estar mi cama ahorita. Que tal vez, podría hacer una siesta y no ir a clases en la noche.