Siempre supe desde pequeña que todo tiene un final. Sabemos que nada dura para siempre. Que por más que los cuentos de hadas terminen en “y vivieron felices para siempre”, el mismo cuento termina ahí. Porque ya no hay más de que hablar. Porque no tendría sentido contarnos como les fue. Sabemos que les fue maravilloso. Lo más probable es que todas las princesas se hayan casado en el castillo más grande del mundo mirando el mar o rodeadas de jardines inmensos. Tal vez se hayan ido de luna de miel al reino vecino o al de sus primas. Y como siempre estuvieron felices; tuvieron hijos, desayunaban todos los días en la cama, almorzaban juntos, jugaban con ellos, y la cena era el momento donde todos reían… y era así… día tras día. Sinceramente, que aburrido.
Felizmente yo no soy una princesa y dudo que alguna quisiera serlo. Sé que varias veces nos han escuchado decir “quiero que me trate como una reina, que me sorprenda”. Pero eso solamente pasa por nuestras cabezas muy pocas veces, especialmente cuando las cosas van mal. Pero si creo que cada una quisiera tener un cuento.
En mi cuento, tendrían que haber muchísimas brujas. La que me de de comer la manzana prohibida, la que me hinque el dedo hasta sangrar, la que me quiera dormir para siempre, la que no me deje salir de la punta del castillo más alto, la que no quiera mi felicidad. Pero también tienen que haber, hadas que me ayuden, sapos que me hablen y seduzcan, para besarlos y convertirlos en príncipes. Polvos mágicos para poder volar y mirar lo que realmente me rodea. Animales que canten y bailen conmigo, mientras trato de encontrar mi camino. Como quisiera que los árboles sean inmensos como los describen, que el cielo siempre este azul y que el sol brille. Pero tengo que dejar de usar polvos y pisar tierra. Saber que pronto el cuento va acabar y con ello toda la fantasía. Así que creo que solo queda una opción, (en mi opinión), quedarse siempre en el cuento sin que llegue el momento en que éste se tenga que cerrar.
Felizmente yo no soy una princesa y dudo que alguna quisiera serlo. Sé que varias veces nos han escuchado decir “quiero que me trate como una reina, que me sorprenda”. Pero eso solamente pasa por nuestras cabezas muy pocas veces, especialmente cuando las cosas van mal. Pero si creo que cada una quisiera tener un cuento.
En mi cuento, tendrían que haber muchísimas brujas. La que me de de comer la manzana prohibida, la que me hinque el dedo hasta sangrar, la que me quiera dormir para siempre, la que no me deje salir de la punta del castillo más alto, la que no quiera mi felicidad. Pero también tienen que haber, hadas que me ayuden, sapos que me hablen y seduzcan, para besarlos y convertirlos en príncipes. Polvos mágicos para poder volar y mirar lo que realmente me rodea. Animales que canten y bailen conmigo, mientras trato de encontrar mi camino. Como quisiera que los árboles sean inmensos como los describen, que el cielo siempre este azul y que el sol brille. Pero tengo que dejar de usar polvos y pisar tierra. Saber que pronto el cuento va acabar y con ello toda la fantasía. Así que creo que solo queda una opción, (en mi opinión), quedarse siempre en el cuento sin que llegue el momento en que éste se tenga que cerrar.
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