Es preciosa. No puedo dejar de mirarla. Tiene el pelo color ceniza, largo hasta la cintura. Sus ojos como la noche contrastan con su piel blanca. Lleva un piercing en la nariz y unos aretes que le cuelgan de las orejas. Está mareada, se le nota. Ella no ha mirado hacia aquí. No paro de pensar en ella. La sigo mirando. Ella se para, se acomoda las tetas, se las levanta. Mira su vestido y lo sacude. Se remueve el pelo y pone sus labios en la cañita para darle el último sorbo a su trago. Está lista, se va a acercar. Viene para acá- Pensé.
¿Qué le digo? ¿Qué hago? Está buenazo, su mirada me mata -se repetía Jimena en la cabeza. ¡A la mierda! Si no le hablo ahora jamás lo haré – fue lo último que pensó antes de tocarle suavemente el hombro, al chico que había mirado toda la noche. ¿Tienes encendedor? –balbuceo Jimena. Él la miró, se paró y sacó de su bolsillo derecho su encendedor. ¿Tienes otro cigarro? –le respondió. Jimena sacó uno y comenzaron a intercambiar algunas palabras antes de que él le invitara un trago.
¿Qué le digo? ¿Qué hago? Está buenazo, su mirada me mata -se repetía Jimena en la cabeza. ¡A la mierda! Si no le hablo ahora jamás lo haré – fue lo último que pensó antes de tocarle suavemente el hombro, al chico que había mirado toda la noche. ¿Tienes encendedor? –balbuceo Jimena. Él la miró, se paró y sacó de su bolsillo derecho su encendedor. ¿Tienes otro cigarro? –le respondió. Jimena sacó uno y comenzaron a intercambiar algunas palabras antes de que él le invitara un trago.
Puta de mierda, no vino. Se fue con otro. Lo prefirió a él. Cojuda. Toda apretada, mostrándole las tetas con ese escote tan pronunciado. Ahorita atraca, cuidado, un par de tragos más y cae redondita.
Me llamo Javier. ¿Tú? –le preguntó con una sonrisa. Ella se acercó hasta su oreja y le respondió con los labios rozándole- Jimena. Acá esta tu trago Jime –le dijo Javier. A medida que los tragos avanzaban las distancias se acortaban. Ella no paraba de sonreírle, él, sólo le miraba el escote. Parados frente a frente con los vasos servidos, las anécdotas, sus ilusiones, intereses y aficiones se iban exponiendo. Las ganas de conocerse, o por lo menos, pretender ese interés, era lo que aseguraba un buen camino.
Sólo le mira las tetas, ni sabe de que están conversando, huevón. Está tan linda. Su risa llega hasta mis oídos y es dulce, suave. Como quisiera tenerla cerca.
Jimena se dirige a la barra por un mojito. No va caminando, ella baila. La multitud la altera. Trata de pasar de la manera más rápida posible, entre caras que no puede reconocer por la cantidad de alcohol que éstas han ingerido. Está interesada en una persona, Javier. Lo quiere para ella. Sabe que fue ella la que se aventó a dar el primer paso y que ahora sólo le queda esperar que él haga algo. Que la bese.
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